Section title text:  An FCJ Vocation.

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Photos of Sisters whose vocation stories follow below. Photo of Alicia - go to her vocation story. Photo of Agnes - go to her vocation story. Photo of MaryAnne - go to her vocation story. Photo of Rita - go to her vocation story. Photo of Mary Rose - go to her vocation story. Photo of Afra - go to her vocation story. Photo of Anouska - go to her vocation story. Photo of Ann - go to her vocation story. Photo of Inez - go to her vocation story.

Alicia Pérez, española
Afra Primadiana, de Indonesia
Agnes Samosir, de Indonesia
Anouska Robinson-Biggin, inglesa
Francisca Yohana Sri Winarsih (Inez), de Indonesian
MaryAnne Francalanza, de Malta
Ann McGill, canadiense
Rita McLoughlin, inglesa
Mary Rose Rawlinson, canadiense

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Era a la vez emocionante, increíble, una locura, algo que me asustaba.
Alicia Pérez fcJ, Española

Alicia Pérez con otras hermanas FCJ.Me llamo Alicia. Soy española, entré en la Sociedad de las Hermanas Fieles Compañeras de Jesús en los Estados Unidos e hice mi profesión perpetua en 2006 en Salta, Noroeste de Argentina. Llegué a Salta hace cinco años. Nuestra comunidad está situada en un barrio muy marginal. Trabajo en este barrio y también soy profesora de Ingeniería Informática en la Universidad Católica de Salta.

La idea de una vocación religiosa me surgió de pronto mientras era estudiante de doctorado. Era a la vez emocionante, increíble, una locura, algo que me asustaba. Sinceramente no tenía mucho sentido para mí: estaba a mitad de un doctorado en informática y pensaba en hacerme monja?? Nunca había conocido a nadie en tal situación. ¡Y qué desperdicio de tantos esfuerzos! Además, soy muy independiente; seguro que no podría hacer voto de obediencia y vivir en comunidad con otras hermanas. Sí, me estaba dando todo tipo de razones por las que todo esto no tenía sentido. Pero al mismo tiempo tenía un profundo sentimiento de alegría y plenitud. Me iba dando cuenta de que Dios me estaba invitando a una relación más profunda y a ser parte de la misión de Jesús de proclamar el amor de Dios al mundo. Jesús dijo, “entrego mi vida libremente” (Jn 10,18). Por supuesto que no pretendo comparar mi vida con el sacrificio de Jesús, pero me siento llamada a ser su Fiel Compañera y por tanto a entregar también mi vida. Y a hacerlo libremente. ¿Qué significa “ser libre”? Al discernir mi vocación me di cuenta de que era libre al poder dejar en cierto modo mi trabajo, mis amigos, mi seguridad, etc y elegir un compromiso como consagrada; libre para elegir algo a pesar de lo que “el mundo” considera mejor; libre de elegir una cosa entre otras cosas buenas (trabajo, relaciones personales); al fin y al cabo, todo eso son regalos recibidos. Tal vez por todo esto me gusta esta oración, escrita por un español compañero de Jesús, Ignacio de Loyola. Es interesante que no siempre puedo rezarla porque a veces el costo parece superarme: Toma Señor y recibe… dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta.

La vida como una FCJ continúa siendo para mí la respuesta a una invitación de Dios, a una experiencia del amor de Dios. Esta invitación es tan profunda y tan fuerte que se siente la necesidad de responder poniendo la vida en las manos de Dios. Es una invitación a compartir la vida y la misión de Jesús, haciéndole presente en el mundo al vivir como el vivió, célibe, pobre y obediente. Con mi compromiso quiero ser instrumento del poder que el nombre de Jesús tiene para curar heridas y llevar salvación y esperanza a nuestro mundo. Esta convicción y un profundo agradecimiento son lo que me sostiene día a día.

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Mi camino acaba de comenzar
Afra Primadiana fcJ, de Indonesia

Foto de Afra con una familia indonesia.Hace ocho años, cuando hice mis primeros votos, me dije: ‘El camino de mi vida acaba de comenzar.’ Ahora, con ocasión de mis votos perpetuos, veo que esa frase todavía se cumple: ‘Acabo de comenzar’.

Nací en Merauke en 2 de agosto de 1968. Mi familia es originaria de Yogyakarta. Soy la tercera de cinco hijos y crecí en Yakarta. ¿Ser hermana? Ya estaba la idea, incluso cuando era pequeña. Pero no era constante. Cuando estaba en la escuela primaria quería ser hermana porque me interesaba su estilo de vida. En la secundaria intenté olvidarme del tema, especialmente porque muchas de mis amigas tenían la misma idea. No quería ser como las demás. Después el deseo se hizo más fuerte porque quería compartir mi vida sirviendo a los pobres. Quería ir a Papúa y vivir con la gente de los pueblos de allá. Mi director decía que el deseo no es suficiente. ¿De verdad? ¡Pero la intención es muy buena! Por fin en la universidad tuve una experiencia espiritual profunda que cambió mi vida. Sentí que Dios me amaba y me quería tener, muchísimo. Dios quería que fuera como soy. Por tanto, si en ese momento me hubieras preguntado si quería ser religiosa, hubiera contestado '¡estaba inundada por el amor de Dios y me enamoré de Dios!'

Empecé el postulantado el 29 de septiembre de 1991 y después el noviciado el 26 de agosto de 1992. Hice los primeros votos el 18 de septiembre de 1994. Todo esto ocurrió en Yogyakarta.

¿Por qué digo que ‘acabo de comenzar’? Primero porque simplemente ser hermana no es mi principal objetivo. Si lo fuera, querría decir que después de hacer los primeros votos ya no tenía que hacer nada más. Ser hermana es elegir una forma de vida en la que me ofrezco totalmente al amor de Dios y crezco en amar a Dios. Es el camino de toda una vida.

Segundo, porque la fidelidad no puede medirse en la cantidad de tiempo que viva en un convento. La fidelidad no puede medirse en cantidad sino en calidad. Cada minuto es un momento para seguir intentando vivir como fiel compañera de Jesús. El amor de Dios es nuevo cada mañana. Mis votos al Señor también se renuevan cada día. Por tanto, cada día digo: ‘Acabo de empezar’.

Como dice el Salmo 85:11, ‘ el amor y la fidelidad se encontrarán.’ El amor de Dios se encontrará con mi fidelidad, y mi amor se encontrará con la fidelidad de Dios.

Hoy doy gracias al Señor llena de alegría por su amor fiel en mi vida y por su llamada. Doy gracias por el amor y la fidelidad de quienes me han acompañado: mi familia, amigos cercanos, comunidades fcJ de todo el mundo, las personas a las que he conocido en mi apostolado y las que me han apoyado y desafiado a crecer. Gracias. Que Dios las bendiga para que puedan vivir también en amor y fidelidad a Dios.

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'Soy, de todas, la más bendecida...'
Agnes Samosir fcJ, de Indonesia

Foto de Agnes con estudiantes.Nací en Banjarbaru (Borneo del Sur) el 30 de Enero de 1969. Soy la tercera de los cinco hijos de Víctor Samosir y Mariani Marpaung. La semilla de mi vocación comenzó cuando entré en el grupo de monaguillos, del organista y del coro de niños "Ascensio" con el P. A. Soetanta, SJ, en la parroquia de San Francisco Javier de Tanjung. Priok, North Jakarta. La semilla creció más y más mientras estaba en el Colegio Secundario Ursula, estudiaba en el profesorado Sanata Drama (ahora universidad) y participaba en una Comunidad de Vida Cristiana (CVX). Esta valiosa experiencia me animó a entrar en la Sociedad FCJ, cuyo nombre todavía me era desconocido.

Durante el postulantado, el noviciado y la profesión temporal pasé por un camino con curvas que me llevó a entender la vida como expresa Henry Viscardi en su reflexión:

Pedí fuerza a Dios para tener éxito.
Recibí debilidad, para poder aprender a obedecer humildemente.

Pedí salud, para poder hacer cosas mayores.
Recibí enfermedad, para poder hacer cosas mejores.

Pedí riquezas, para poder ser feliz.
Recibí pobreza, para poder ser sabia.

Pedí poder, para ser alabada por los demás.
Recibí debilidad, para poder sentir que necesito a Dios.

Pedí todas las cosas para poder disfrutar la vida.
Recibí vida para poder disfrutar todas las cosas.

No recibí nada de lo que pedí, pero si todo lo que esperaba.
Casi a pesar de mí misma, mis oraciones fueron escuchadas.

Soy, de todas, la más bendecida.

Esta forma de entender la vida me animó a tener el coraje de decir "SI" con todo mi corazón y toda mi mente a la llamada a ser una fiel compañera de Jesús para toda la vida.

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¡ La vida es estupenda !
Anouska Robinson-Biggin, English

Anouska fcJ.¿Sientes que la vida que llevas no es suficiente, que te falta algo y que no sabes qué es pero sabes que está relacionado con Dios? ¿Sientes a veces que todos los demás tienen una vida estupenda, pero que tú necesitas ver qué hacer con la tuya?

Sí. Tenía un título universitario, un trabajo, una casa, un gato, un perro – todo lo que el mundo me decía que me haría feliz, pero me faltaba algo… Dios.

Sentí este profundo deseo de averiguar más sobre mi fe católica cuando tenía 16 o 17 años, y durante varias semanas me reuní frecuentemente con un sacerdote que me ayudó a descubrir la belleza de la Iglesia en la que habías sido bautizada muchos años antes. Nunca pensé que esta búsqueda me llevaría a la vida religiosa – cuando empecé a pensar en ello, todo eso me asustaba y no sentía que tenía que ver conmigo.

Visité dos congregaciones, una apostólica y después una contemplativa. En la primera me sentí bien, el aspecto comunitario era muy bueno, pero el apostolado no era para mí. Cuando visité la orden contemplativa, encontré lindas mujeres pero no era ‘mi’ sitio.  

A mi modo de ver, después de dos visitas de fin de semana, se terminaba lo de la vida religiosa. Lo había pensado, había buscado y no había encontrado, y por tanto la búsqueda terminaba ahí. Iría a la universidad, me enamoraría desesperadamente y me casaría. Pero Dios tenía otras ideas.

Me he enamorado, es verdad, pero mi llamada a la felicidad y a la plenitud no está en el matrimonio.

'Oui' - 'Yes'!Vino la graduación, luego un trabajo, pero todavía me faltaba algo. Dios me estaba formando para que estuviera dispuesta a decir ‘Sí’. Finalmente llegué al momento de rendirme ante Dios. Había intentado tener el control, hacer esto, vivir lo otro, elegir esto, dejar lo de más allá –pero seguía teniendo un vacío en mi interior, y parecía que iba haciéndose más grande y más difícil de ignorar.

Después de pasar la Pascua con amigos, en la celebración de la Vigilia Pascual, me sentí incapaz de seguir negociando con Dios. Llena de lágrimas, maravillándome de lo que Dios había hecho, me escuché decir: ‘que no se haga mi voluntad sino la tuya’ – al rendirme se abrieron las compuertas, finalmente podía decirme a mí misma y a otros que Dios es el centro de mi vida, mi vida se centrará en Dios y en la Iglesia, como religiosa, si tener idea de dónde, qué o cómo. De hecho el dónde, qué o cómo no parecían preocuparme, Dios se encargaría de todo. Rendirme a El era todo lo que le podía ofrecer y se lo ofrecí de todo corazón, y me sentí completamente en paz

En esta paz busqué en Internet. En realidad no sabía nada sobre la vida religiosa o las distintas congregaciones, pero Dios trabajaba hasta mediante Internet y me llevó a esta página www.fcjsisters.org.

Entonces tenía 26 años – ¡Dios trabaja despacio, pero con eficacia, y nunca se rinde! Participé en un fin de semana vocacional y en esta primera reunión sabía que había encontrado la pieza que faltaba. Si mi vida era como un rompecabezas de cuatro piezas, había estado viviendo con tres, pero de pronto había encontrado la cuarta, y no quería dejarla escapar.

La oportunidad de encontrar hermanas que habían entregado sus vidas a Dios, que estaban vivas, enamoradas y felices, y de todas las edades, me inspiró a hacer lo mismo. Sentía que podía ser exactamente quien Dios me llamaba a ser, y vivir plenamente.

Siguieron dos años de acompañamiento antes del postulantado, dos años de crecimiento, profundizando el deseo y probando la llamada de Dios. Sentía deseos de esas reuniones y cada vez que me marchaba sentía que dejaba allí algo de mí. Sin embargo, todo lo que Dios me estaba pidiendo en ese momento era esa espera, y esto hizo que mi entrada inicial como postulanta, luego como novicia, y ahora como hermana con votos temporales, fueran bendiciones muy especiales.

Ahora tengo 31 años, han pasado tantos años desde que empecé a pensar en la vida religiosa a los 16-17 años, pero Dios ha estado conmigo en toda esta búsqueda, y está conmigo cada día conduciéndome en mi vida diaria de fiel compañerismo con su hijo, Jesús.

¿Qué me atrajo a ser FCJ?

Lo que me atrajo al comienzo y lo que sigue atrayéndome ahora – 5 años después, ¡es la VIDA! Veo que las FCJs, jóvenes y mayores, tienen un espíritu que está vivo y enamorado.

Somos contemplativas en acción – llamadas a ser compañeras de Jesús y entre nosotras y a trabajar en el mundo, estar donde Jesús estaría. La esperanza y el deseo que compartimos al tratar de responder a nuestra manera a la sed de Cristo en el mundo me inspiran a responder, en mi apostolado como maestra y en cómo vivo toda mi vida.

¿Qué hace falta para ser FCJ? Amor y una dependencia completa de Dios y de su hijo, Jesús – sin Dios no soy nada y no puedo hacer nada. Todo lo que soy es un regalo de Dios. Mucha apertura a quienes te acompañan en el camino, hermanas y superioras, Dios ha trabajado a través de todas ellas, y sigue haciéndolo ayudándome a convertirme en la Fiel Compañera de Jesús que desea que sea. Optar por ver el mundo como Cristo lo ve, aceptando que no podemos quitar el dolor a la gente, pero que podemos insertarnos más conscientemente en él, y ser sus compañeras. Riesgo y energía! Somos una congregación pequeña, internacional pero trabajamos por todo el mundo unidas en corazones y mentes. Cuesta energía y coraje vivir en el servicio de Dios y en el servicio de tus hermanas, y del mundo, pero la vida es estupenda.

Todo lo que Dios pide es un corazón abierto, que pueda usar, y en las palabras de nuestra fundadora: “Dios tendrá que llevarme de la mano; tendrá que hacer todo el trabajo él mismo.” Y Dios lo hace, le di mi ‘Sí’ sin saber adónde me llevaría, ¡pero puedo decir que es el mejor viaje que he hecho y me encanta! ¡Espero que dure mucho!

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God’s way of teaching and entering a heart is beyond our understanding!
Francisca Yohana Sri Winarsih (Inez), Indonesian

Photo of Sr. Inez, fcJ.I wasn’t brought up a Catholic because my parents were followers of Kejawan, a traditional Javanese religion. My father’s extended family were all Protestants, while on my mother’s side they were Muslims of strict observance.  When I got to class five of elementary school I began to do sholat (Islamic prayer) and to fast in the same way as the other children, without anyone telling me or guiding me. I think that was the first seed of my deep desire to be in relationship with God the Creator.

After graduating from elementary school I continued my studies in Solo. My elder sister, who had already become a Catholic, enrolled me as a catholic student.  So I found myself in the group of catholic students without having the slightest idea about the catholic religion.  As time passed, without anyone telling me or pushing me, just as previously I had begun to study Islam, now I decided to join the catechumenate.  I was baptised when I was in class 3 of junior high school.

I was quite faithful to praying … but becoming a sister was far from my thoughts. I wanted to work outside Java, to get a lot of money and visit new and faraway places. I liked travelling. Later, however, it was as a sister that I went beyond the borders of home and got to know the culture of other nations.

After graduating from senior high school I continued my studies at the Institute of Agriculture in Bogor. It was at this tertiary educational institution that the history of my vocation began. Two important events were the starting point. I began to ask in my heart “Lord, why did you create me? If life has a purpose, what is it? If this life is your will and has a purpose, how must I fill my life to make it meaningful?" The second important event took place when I was attending Mass on vocation Sunday.  After coming out from Mass, I was aware of a question from the homily which seemed to be meant for me personally: “God is calling. Who will respond if I don’t?” Heroic, that’s how I felt. There was an urging to answer the call, to sacrifice and live in a different way for God. I began to dream: what will happen if I respond to this?

I began to think about the possibility that I might a sister … God began to disturb my mind and heart. This disturbance pressed on my soul; I wanted to make it disappear but I couldn’t do so. God led me step by step as a teacher leads a student. I graduated from university and spent two years pondering and weighing.  From the church directory I knew there were very many religious congregations.  But at the time the only congregation I had any acquaintance with was a Franciscan one.  My thought at that time was, “Is there really any difference between congregations?  Don’t they all wear a habit and not get married?”  How naïve I was!  Later I learned that each congregation has its own charism and spirituality.  

In hesitation and anxiety about the rightness of my choice, I knocked on the door of the Franciscan convent.  I was well aware that there wouldn’t be a sign or a sure answer in this searching, but what I did know was that I was following the deepest urging of my heart and for sure God would guide me.  For three years I went through the program of postulancy and novitiate. I felt I began to know God in my life and I responded to Him wholeheartedly.  

At that time I was helped by the best formators. I was taught how to know myself and to know God, to mend what was wounded as well as to embrace weakness.  Some teachers were priests from the Society of Jesus.  From them I got to know Ignatian spirituality and the spirit of “magis” – to be more.  I learned about serving-honoring-glorifying God in the simplest of daily activities, in everything.  

My first vows were in 1992.  My journey went on, as I continued to learn and began to teach, for another four years. But in 1996 my time of joy as a Franciscan sister came to an end.  I was not accepted for renewal of vows.  This was a time of great darkness.

When I reflect back on that event, I’m aware that it was both the lowest point and the turning point in my life.  It took a long time for me to realize that this was the moment when I was born again in a new way.   God, who knew me so well, was going to lead me to a new place – the place that he wanted.  At that time I wasn’t able to understand the purpose of his heart and so I complained, repeatedly, with all my strength; I was angry … with many people but also God.

The next  three years were really a very hard time.  Just like the people of Israel who were angry, fed up, weary, grumbling, complaining, demanding and following their own will, so was I.  I had many questions and not even one was answered.  It seemed that, after a long time of being silent, God began to speak.  

When in 2006 an earthquake struck Bantul the FCJ sisters supported the efforts to help people rebuild their homes. Some materials from the devastated houses could be used again, some had to be thrown away, and some new materials were added.  Foundations and supporting pillars were rebuilt in a new way, hopefully better able to withstand any future earthquakes.  This, too, was what God did for me: helped me to rebuild my life again with some old materials that were in ruins but still usable; helped me to rebuild on a firmer foundation.

After a two year process of rebuilding, I found the new building to be more beautiful than the old. My keywords were: “Always journey on and don’t let me stop because of despair.”  That was the beginning of my new life.  I re-wove my relationship with God and at the same time I was healed and restored by Him. My faith became simpler, and for sure God and I were more able to be honest with each other.

Photo of Sr. Inez.As my studies came to an end, it already seemed clear that I was going to live my life as a single woman.. It wasn’t a matter of deciding whether to be single or not, but something deeper, that God was questioning … That sense of God’s urging was so powerful that I went to see a spiritual director, a Jesuit priest. He said to me, “That restless feeling you have, that lack of peace, is perhaps because you are in the wrong place.”  He gave me a card with the name of the congregation of Sisters FCJ. Of course, I didn’t immediately accept it.  I felt fear and worry at the thought of entering religious life for the second time.  I put it off for a long time. Finally I sent  a letter introducing myself to Sister Barbara FCJ in Yogyakarta.

For two years I went to and fro between Yogyakarta and Jakarta – joining together with others in the d’Houet group, a group named after the FCJ foundress, Marie Madeleine d’Houet, for young women who were interested to know about FCJ. Two more years passed, still without the courage to make a decision. While I still wasn’t able to be sure, Sister Marion asked me if I was ready to become a postulant.  I answered, “Yes.”  I felt full of worry, but every time I went into the deepest centre of my heart, I felt calmness, peace.   Still I said, “Lord, give me a sign.”  In prayer God answered: “You will not be given a sign. Now ask your own self. What do you most desire from your life? What do you hope from your life? Whatever you choose will have my blessing."

I made my final vows on January 3, 2010, happy and proud to be an FCJ sister.  God’s way of teaching and entering a heart is beyond our understanding. My journey to this point had many twists and turns, but its beauty is indescribable. (To read a fuller account of my story, click here.)

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¿Quién soy yo?
MaryAnne Francalanza fcJ, de Malta

Foto de MaryAnne con una compañera FCJ de Indonesia. Me llamo MaryAnne Francalanza y vivo en la Provincia Británica. Soy de Malta – una pequeña isla del Mar Mediterráneo. Viajé de Malta a Inglaterra para conocer a las FCJs. Contacté primero con ellas por Internet:-) Estudié matemáticas en la Universidad de Malta y me preparé para ser profesora aquí en Inglaterra. Enseñé matemáticas en un colegio secundario de Hounslow y me gustó muchísimo. Hay algo en enseñar a niños que me da mucha vida. Es a la vez una responsabilidad enorme y un gran privilegio.

Nunca me había imaginado que mi camino con Dios me iba a traer aquí – pero a pesar de eso siento que estoy en casa. Durante varios años había ido creciendo rodeada de la espiritualidad ignaciana, porque trabajaba con los jesuitas en Malta y sentía que éste era el camino que debía tomar para encontrarme conmigo misma y ser la mejor persona que podía ser.

Me sentí atraída por la Sociedad FCJ por varios motivos. Buscaba mujeres ignacianas cuyas vidas tengan sus raíces en Dios y cuya obra sea una continuación de la misión de Jesús. Buscaba un grupo de personas que abrace al mundo con todas sus alegrías y sus penas, y no tengan miedo de ‘vivir plenamente’. Buscaba un lugar donde pudiera usar los dones que Dios me ha dado para su Reino, y donde poder hacer esto caminando junto a personas con el mismo deseo. Para mí, la Sociedad FCJ es ese lugar.

En septiembre del 2001 comencé los dos años de noviciado. Fue un tiempo de bendiciones, lleno de desafíos y descubrimientos. Hubo momentos de alegría y de dolor, pero descubrí cosas muy hermosas dentro de mí, y me di cuenta de que me queda mucho que aprender.

Pero si tuviera que volver a empezar ¡no cambiaría nada!

Hice los primeros votos en 2003. Puedes leer más sobre mi ceremonia aquí.

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La Búsqueda de Dios
Ann McGill fcJ, de Canadá

Foto de Ann en un momento de reflexión. La vida de las consagradas y los consagrados trata explícitamente de “la búsqueda de Dios”. Por eso la vida religiosa intenta de ser “un signo” que puede y debe inspirar a otros para que vivan su llamada particular. También da testimonio de la presencia y el amor de Dios en el aquí y ahora, y al mismo tiempo apunta a nuestra “patria” final, la ciudad celestial que Dios nos ha preparado.

Sí, Dios elige a quien quiere, y toma la iniciativa en la vida de una persona. Igual que Abraham y Sara y tantos otros que nos han precedido, Dios nos llama a caminar con fe, a confiar en las promesas de Dios, a partir aunque no sepamos el destino. Como Religiosas, estamos llamadas a hacer que la relación con Dios sea la relación más importante y la que defina nuestra vida. Estamos llamadas a hacer de Cristo nuestro Primer Amor. Y creo que es muy importante repetir esto, que nuestra vida principalmente tiene que ver con el Amor, con ser el rostro del amor y la compasión de Dios para nuestro mundo, ya sea mediante el apostolado de la oración en las comunidades monásticas, o mediante la respuesta más activa a las necesidades que nos rodean.

La invitación de Dios puede tomar la forma de una inclinación interior a tener una vida espiritual más profunda. O puede tomar la forma de una pregunta o comentario de alguien que nos conoce bien. No hay límites sobre cómo Dios puede despertar en una persona la sensación de que le puede estar dando este regalo.

Al comienzo, es típico que las personas duden, nieguen o traten de hacer oídos sordos al susurro de Dios que agita ‘‘algo’’ incómodo dentro de su corazón. Puede que sientan que no son lo suficientemente santos, lo suficientemente buenos, que son demasiado jóvenes o demasiado viejos, demasiado pecadores, etc. A menudo la comunicación de Dios no es tan dramática como la del encuentro de San Pablo con Dios en el camino a Damasco, sino simplemente Dios nos habla en las circunstancias normales de nuestras vidas y nuestras relaciones. No obstante, creo que cada una de nosotras recibimos nuestras pequeñas “zarzas ardientes ” o “anunciaciones” si tenemos ojos y oídos y corazones para percibirlas en la rutina diaria. Por eso la oración regular, y la reflexión sobre nuestra experiencia son importantes para desarrollar un corazón sensible, y así captar la pequeña y silenciosa voz de Dios entre el ajetreo de nuestras vidas.

En mi caso, sentí este secreto deseo antes de la adolescencia, y creo que fue disparado principalmente al leer historias de “misioneros en tierras lejanas ” en revistas que recibíamos en casa todos los meses. Como muchos hoy, no tenía contacto con hermanas, hermanos o sacerdotes, aparte de ver al párroco en la iglesia o cuando a veces visitaba el colegio. Después de terminar mis estudios trabajé en una oficina, pero esto no me llenaba. Participaba en las actividades sociales y relaciones del trabajo y aunque era divertido, me dejaba queriendo algo más. Dios estaba tirando de mi corazón.

Para calmar esta vocecita insistente decidí hacerme enfermera, pensando que era algo bueno a lo que dedicar mi vida – ayudaría a otras personas. Fue un tiempo realmente positivo y lleno de crecimiento. Pero después de varias experiencias de trabajo como enfermera en el Reino Unido, surgió la oportunidad de ir a Canadá. Y partí, pensando otra vez que el estar en un país nuevo y conocer a gente nueva satisfaría este fastidioso deseo de algo más. Bueno, vine a Canadá y viví en Calgary. Tenía un trabajo, un departamento, un auto y todo lo típico de una profesional soltera de esa época. Tenía un círculo de amigos cercanos a los que les gustaban las actividades al aire libre con los que salía de excursión y a esquiar frecuentemente. Participaba activamente en la parroquia. Seguía estando cerca de mi familia. Era una vida buena, pero seguía sintiendo que me faltaba algo. Tenía una sensación persistente y fastidiosa de insatisfacción con mi vida a pesar de todo lo que tenía y disfrutaba.

Hice un montón de oración y lectura espiritual. Solía sentirme frustrada con Dios, preguntándome porque Dios mantenía su plan para mi vida tan secreto y misterioso, cuando lo único que quería era hacer su voluntad en mi vida. Finalmente encontré un director espiritual que me ayudó mucho y ahí las cosas empezaron a cambiar. Era bueno poder hablar con alguien de esta agitación interior que sentía. Y descubrí que había otras como yo, pensando en una vocación a la vida religiosa. Después de un par de años de oración personal y comunitaria, conversaciones, discernimiento, visitas y experiencias breves en distintas congregaciones, todavía no me lanzaba. Un día estaba paseando en un parque con una hermana y hablando con ella de mi vida cuando paró y me miró a la cara, y dijo“Ann McGill ¿cuándo vas a pararte y a decir ‘presente’?”

Bueno, ¡eso lo consiguió! Que alguien a quien quería y en quien confiaba se me enfrentara así liberó algo en mi interior. Me liberó para dar un paso más. Y hay muchos pasos que dar desde que alguien pide entrar en una congregación hasta que hace su compromiso final. Lleva varios años y una encuentra muchos apoyos pero también muchos desafíos en el camino. Me acuerdo que me decía después de ese primer paso formal que “por fin estaba haciendo lo que siempre había querido hacer.”

Hay muchas “tormentas” soplando en nuestra iglesia y nuestro mundo, y algunos pueden pensar que la vida religiosa, la Iglesia y todos nosotros estamos “muriendo” de distintas formas. Pero el Espíritu de Jesús está todavía con nosotras y nos dice: “¿Por qué tienen miedo? ¿Ya no tienen fe?” Como los discípulos en la barca agitada por la tempestad, también nosotras estamos llamadas a invocar al poder y el Espíritu de Jesús y confiar en que nos guiará como Pastor en estos tiempos turbulentos. Al escribir esto me acordé de las palabras del poeta Christopher Fry:

“La miseria congelada de siglos se rompe, se quiebra, empieza a moverse...
Gracias a Dios que nuestro tiempo es ahora cuando por todas partes el mal se levanta para enfrentarnos.
No nos dejará hasta que demos el paso del alma más grande que jamás hayamos dado.
Ahora las cosas son del tamaño del alma, y el proyecto es la exploración de Dios.”

Sí, vivimos en tiempos turbulentos pero no estamos solas. Estamos llamadas personalmente y como iglesia a una apertura, confianza y dependencia de Dios que son radicales. Como dice el poeta, puede que se nos esté llamando a dar el paso del alma más grande que jamás hayamos dado.

Dios es un Dios paciente, fiel, dulce, pero insistente. Si tú o alguien que conoces siente que Dios le está invitando a ser hermana, hermano o sacerdote, te animo a ti y a ellos a que busquen a alguien que les pueda acompañar y guiar y ayudar a discernir el camino que tienen por delante.

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A Dream
Rita McLoughlin fcJ, English

Rita McLoughlin fcJ.I don’t often remember my dreams but the one I had after a Sunday retreat in my school, surprised me so much that I couldn’t but remember it! The FCJ Sisters were doing the washing up after dinner, including my FCJ class teacher and I think it was Sr. Philippa Maston, head of another FCJ school in Middlesbrough, who suddenly said, ‘So, are any of you going to be FCJs?’ I hadn’t even thought about it and did not answer. But that night I dreamt that I said ‘Yes’! I was flabbergasted and it set me thinking. Although I was only 14 at the time, this was the beginning of my journey to becoming an FCJ. However, I passed through many phases and feelings, at one time wanting and another time resisting the idea.

The FCJ who taught me Religious Education inspired me and helped me to grow spiritually. I even asked her one day to teach me how to pray, but I never told her what I was thinking about being an FCJ, because I knew somehow that once I did, I would have made up my mind and that was a bit scary.

I came from a very faith-filled family. We said the family rosary each evening together and went to daily Mass most days. We were involved in parish organisations and as children were encouraged to make God the most important person in our lives. Between my family and the teaching and example of the FCJ I had come to know, I was growing in my understanding and love of Jesus. He was coming so much more alive for me as a real person and I wanted to give him my life in return for all he had done out of love for us.

I avidly read the shorter and the long life of Marie Madeleine d’Houet, and I was fired by it. I found her so courageous, so determined, a woman of such faith and love whose greatest desire was to do what God wanted. I was excited and ‘hooked’! But I sent away for vocation material for other congregations as I thought I should not just fall into the FCJs because I was at school with them. But I didn’t feel as attracted to the other congregations about which I read and eventually came to the conclusion that if the FCJ way of life made the sister I knew such a committed, loving and generous person, it was good enough for me!

But this was not the end of my struggle. Sometimes I wanted to go along with the idea that God wanted me to become an FCJ and for other periods of time, I felt a great reluctance to doing it. I felt the attraction to choosing my own career and perhaps getting married.

One evening, just before I went out to see a film, I was in my bedroom and out of the blue came the conviction that I had to try and see if God wanted me to be an FCJ. I knew at that moment that I would never be happy unless I took this step. By this time I was in 6th form and finally admitted to the FCJ sister who taught me that I was thinking of becoming an FCJ. So although I applied to university I was also taking the first steps along the road to becoming a postulant and after leaving school in July went off to Broadstairs, Kent, in the following January.

Forty-nine years later, I have no regrets! But it’s been a long journey to much greater maturity than I had at 19 years of age, a journey to a deeper faith, an understanding of how sharing in the mission of Jesus and service are central to being a Faithful Companion of Jesus.

I am still fired by Marie Madeleine’s vision as we come to understand it and live it in today’s world. She was a woman of outrageous hope, and that is what our recent FCJ documents have called us to be and what I want to be! Marie Madeleine has come so much more alive for me in the last ten years. Her life as young woman, wife, and widow, mother and religious, seems to be able to speak powerfully to me and to those whom I meet in my different ministries. So I am very grateful for that dream many years ago, a dream which did come true!

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El llamado a ser una Fiel Compañera de Jesús
Mary Rose Rawlinson fcJ, Canadiense

Foto de Mary Rose descansando en las montañas.En enero de 1960, cuando le dije a mi madre que quería ser Hermana, una Fiel Compañera de Jesús, me preguntó qué sabía de las FCJ. “Bueno”, le dije, “¡se visten casi siempre de negro, lo que más hacen es enseñar, y nunca van a casa!”

No parece suficiente información como para basar una decisión de cambio de vida, pero a medida que reflexiono sobre aquellos días, me doy cuenta que sabía mucho más que eso.

Comprendía que convertirse en Hermana era penetrar en una relación de amor. Del testimonio de vida de mis padres particularmente, era consciente de que una relación de amor comprometida y fiel, depende de mutualidad, apertura, comunicación y confianza.

Sabía que convertirse en Hermana era una expresión de mi deseo de vivir mi vida para otros, sin egoísmo. Sabía que quería ser útil a Dios y dispuesta a servir al Pueblo de Dios. Mi padre decía que era mejor terminar la universidad antes, graduarme en medicina o educación y luego ofrecerlo a Dios. Me parecía una buena sugerencia y me tentaba. Pero tenía el inmenso deseo de ofrecerme yo misma a Dios y dejar que El me usara del modo que dispusiera.

Sabía que ser Hermana suponía una vida dedicada exclusivamente a Dios, como dice el Salmo 62: “Mi alma descansará sólo en Dios....” Comprendía que ser Hermana implica un compromiso de no casarse, ni tener hijos. No era una decisión fácil de tomar y a veces ha sido una decisión difícil de cumplir.

La gente me preguntaba, “Pero ¿cómo sabes que Dios te ha llamado? ¿Es que has escuchado la voz de Dios llamándote?”

Bien, ¡ciertamente no había escuchado su voz, ni había recibido una carta de Dios! Había considerado varias alternativas de vivir mi vida: como mujer soltera, casada, como Hermana Religiosa; y cuando trataba de orar, cuando trataba de preguntarle a Dios qué era lo que El quería, siempre persistía la idea de convertirme en una hermana. Nunca obtuve respuestas, simplemente un gentil y persistente sentido de “¡Ven y lo verás!”.

Al principio le dije a Dios, “Bueno, la vida de hermana puede estar muy bien para algunas personas, y probablemente lo sea, pero realmente no es para mí.” ¡Pero la idea nunca se alejaba de mí! Entonces le dije, “Muy bien, Dios, tal vez sea para mí, y si eso es lo que tú quieres de mí, voy a ser Hermana, pero no hasta que haya terminado la universidad.” ¡Más aún persistía la idea! Finalmente, le dije a Dios, “Si quieres que sea hermana, lo seré, cuando tú quieras, sólo dime cuándo.” Entonces decidí ingresar al noviciado. Sabía que si la Comunidad me decía que era muy joven y que necesitaba esperar un tiempo, ¡sería señal de que Dios también quería que esperara!

Fui aceptaba y treinta y ocho años después aún sigo dando gracias a Dios por haberme llamado a esta vida, me siento muy feliz viviendo como Fiel Compañera de Jesús. Ahora, en 1998, nuestro mundo tal vez sea más complejo. Ciertamente, nuestra comunidad pediría a una joven que tuviese más experiencia de la vida antes de tomar la decisión de ser Hermana. También en la Iglesia, en estos treinta y ocho años, ha cambiado mucho la vida religiosa. El Concilio Vaticano II ha ejercido una enorme influencia en todas nuestras vidas. ¡Las Hermanas FCJ ya no usamos vestidos negros, ejercemos muchos ministerios además de la educación, y mantenemos una relación muy estrecha con nuestras familias! Pero las cosas esenciales se mantienen intactas. La Vida Religiosa, la vida de una Hermana Fiel Compañera de Jesús, todavía es una relación de fe y de amor comprometido. La Eucaristía sigue siendo el corazón de nuestra vida apostólica y comunitaria. Para mí es un gran gozo sentirme útil para Dios, saber de alguna manera que he sido invitada a convertirme en socia de Dios, en acompañante de Jesús, en el trabajo contínuo de Dios de la creación y de la redención. Sé que quiero servir a Dios como Dios quiera, que quiero ser útil a la gente como Dios desee. Sé que las cosas por sí mismas no me hacen feliz, pero ser Religiosa, comprometida a amar, ¡sí me hace muy feliz! La decisión de convertirme en una Hermana no fue una decisión que hice una sola vez; es, más bien, ¡una decisión que hago cada día!, ¡Llegar a ser una Hermana Fiel Compañera de Jesús lleva toda una vida!

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"Por tener este nombre, Fieles Compañeras de Jesús,
                 daría todo lo que soy."                      (Marie Madeleine, Fundadora )